Leí esta pregunta por ahí. Y si os soy sincera, … No tengo ni idea de qué iba. Pero mi respuesta a la pregunta de ¿Por qué queremos convertir todo en un proyecto? Sería… ¿Y por qué no?
De hecho, yo no sé funcionar de otra forma. Para mí, todo en esta vida es un proyecto.
Soy una persona de naturaleza empírica. (Aprendo, trabajo y adquiero conocimientos a través de la práctica y las experiencias propias. Tengo que vivirlo y experimentarlo.)
Pero generalmente no lo hago a lo loco. Primero lo pienso, lo estudio, identifico y analizo el «problema» o el tema a solucionar. Busco posibles soluciones o vías de actuación. Las estudio todas. Voy probando.
Y en cada prueba, analizo los datos. Mido los resultados. Y obtengo respuestas.
Hago un todo como proyecto. No voy a lo loco. No voy sin estudiar las cosas. No soy impulsiva. No me dejo llevar por las emociones.
Y para que algo sea un proyecto debería tener unas características principales.
- Temporalidad. Tiene una fecha de inicio y de fin definidos.
- Finalidad. Tiene una finalidad concreta.
- Recursos limitados. Se le asigna presupuesto, tiempo, incluso una cantidad de energía propia.
También, para que algo sea un proyecto, éste, tiene que tener fases.
- Iniciación. Se define el objetivo principal y la viabilidad.
- Planificación. Se crea una hoja de ruta, los plazos y los costos.
- Ejecución. Se realizan las tareas de la hoja de ruta.
- Seguimiento y control. Se revisa el progreso para evitar desviaciones.
- Cierre. Se entrega el resultado final y se evalúan los resultados.
Esto se puede aplicar a cualquier cosa, un proyecto laboral, un negocio, un nuevo servicio, escolar, vital, una relación, una boda, una obra…
Soy una persona que se siente tremendamente cómoda en una vida con forma de proyectos varios, analizables, ejecutables, medibles y con resultados (positivos o negativos). Y sobre todo, con el aprendizaje de los mismos.
Y tú, ¿Qué opinas sobre convertir las cosas en proyectos?